Nubia Cano

Nubia Cano, sobreviviente de mieloma múltiple.

Las Historias de los sobrevivientes están disponibles en video y de forma escrita. Estas historias están basadas en entrevistas con personas que han sobrevivido al cáncer. El formato escrito es un recuento detallado de estas entrevistas con pequeñas ediciones para hacerlas más fáciles de leer. Los videos incluyen partes de las entrevistas que se concentran en 2 o 3 tópicos relacionados con la experiencia de cada sobreviviente.

Mi nombre es Nubia Cano y tengo mieloma múltiple. Me dieron el diagnóstico el 15 de mayo de 2001.

A mí me dio un dolor en la espalda que me dejó doblada, llamé a la compañía donde trabajo, pedí permiso, fui al médico y de allí me mandaron una medicina para el dolor. Me mandaron a hacer exámenes, y a los tres días me llama el médico diciendo que los exámenes salieron que tenía dos hernias y un nervio pinchado. El dolor no se me quitaba, seguí llamando a mi doctor, "Me duele". Lloré, grité porque no podía dormir; me cambiaron la medicina, me mandaron donde el médico del dolor, me colocaron medicamentos, el dolor no se me quitaba, vuelvo al médico y me manda a hacer exámenes. Me llama a los tres días y me dice, "Tienes anemia", le digo, "Doctor, cómo que anemia, eso para mí es imposible, si la anemia da sueño, cansancio y yo no me siento así, yo lo que quiero es que me quite el dolor". Entonces me dijo, "Voy a hacerte otros exámenes, a ver qué es, yo quiero estar seguro de qué es lo que tú tienes". Le dije, "Ok, Dr., pero lo único que te pido es que me quites el dolor". Él me dijo que entonces me iba a mandar otra medicina y me la empecé a tomar, pero no se me quitaba el dolor. Luego él me llamó y me dijo que fuera a verlo urgente, voy donde él y me dice, "Te voy a mandar donde un especialista porque necesito que él me diga qué es lo que tú tienes". Yo me asusté y le pregunté al doctor si acaso tenía SIDA. Me respondió, "No, quiero averiguar qué es exactamente lo que tienes, porque si yo te doy un diagnóstico ahora, tú me puedes poner una demanda y yo no quiero eso". Llamé al oncólogo, sin saber que el oncólogo era el médico del cáncer, y me dieron cita para el siguiente día. Al otro día, precisamente el 15 a las 4 de la tarde, fui donde el oncólogo. Fui sola, cuando me vio, me dijo, "Te voy a sacar una muestra de la médula y en un hora te voy a dar el resultado". Yo le contesté, "Ay, doctor, pero yo lo que quiero es que me quite este dolor, ya no aguanto". Me dijo que con la anestesia que me iba a poner, me iba a sacar un poquito de líquido y que eso me iba a relajar el dolor. Bueno, al final me acosté en la camilla, me hizo el examen y yo no sentí nada. A la hora me despertó, y me dijo, "Señora Cano, prepárese". Y me dijo que tenía mieloma múltiple, un cáncer en el hueso. La reacción mía, fue pegar un grito.

Cuando volví a caminar, cuando di los primeros pasos, fue que yo escuché la voz de Dios que me decía, "Levántate y camina". El escuchar eso para mí fue algo grande y saber que me paré sola de la cama y que di los pasos, dije, "Dios es grande". Eso fue algo para mí hermoso.

Yo le aconsejo a otros sobrevivientes que se entreguen a Dios, que lo primero que uno tiene que hacer es arrepentirse, aceptar la enfermedad, y pedirle mucho al Señor que nos ayude, que nos perdone, y que con la ayuda de él, la fe que le pongamos, y tener ganas de vivir, podemos salir adelante.

Los efectos secundarios de la quimioterapia y la radiación, a pesar de que a mí me la hicieron con pastillas, yo creo que es lo mismo. A mí me dio la neuropatía y todavía, hay días que yo me siento cansada, quiero llorar, quiero como convertirme en un pajarito y volar. Y son muchas cosas las que uno siente, o sea, la depresión, yo por lo menos me siento como muy sola. Actualmente, están mi hermana y mi sobrino, ellos me están acompañando, me siento un poco protegida por ellos.

Con la fatiga, me da por llorar. De todas maneras en ese momento empiezo a hablar con Dios y él es el que me da la manera de quitarme la ansiedad de llorar, la ansiedad de gritar. Esa fatiga que me da es como un dolor; a veces siento como un cansancio en el pecho, un cansancio en la espalda y yo le digo a mi Dios, "Diosito, ay ponme tus manos en mi espalda, en mi corazón, mis pulmones, yo te amo tanto, tú me has enseñado tanto señor, ayúdame", y se me va pasando, y me siento bien orando, hablando con Dios, eso es lo único que me ayuda.

A causa de las drogas que tomaba, me dio la neuropatía. A mí me empezó un hormigueo en la piel, un hormigueo como un ardor, como calor, como cuando a uno se le acalambran las manos, que uno siente las manos entumecidas, los pies. Empezaron en los pies, en las manos, y después fui sintiendo todo el cuerpo, todo era una cosa impresionante, que yo me rascaba, me sobaba, gritaba, o sea sentía la piel caliente, era algo tan horrible para mí que llegaba un momento en que yo no lo soportaba y a pesar de que hablaba con Dios, y le decía "¿Dios pero qué es esto? Padre, ay señor, quítame esto". Luego, me sentí un poco mejor, ya no sentía esos calores ni ese ardor, no sentía que las piernas no eran mías, pero todavía yo tengo los efectos. Me quedó en las manos y en las piernas, que a veces las siento como si fueran un trapo, a veces las siento hinchadas, a veces las siento delgadas. Esta semana tengo cita con el oncólogo otra vez, y siempre que voy me dice, "Pero tan raro, si ya el tratamiento se suspendió un poco". Estamos esperando, porque la neuropatía se le va a quitar y yo le digo, "Pero doctor pues, cuándo".

El no poder defenderme yo misma me ha causado mucho estrés. Siempre tengo que depender de mis hijos y ellos están muy pendientes de mí. A veces, yo veo como que ellos me quieren proteger demasiado y yo quiero ser yo, pero ellos como que no me entienden, eso me frustra. Entonces, opto más bien por callarme, pero sé que eso me hace daño a mí, por lo menos cuando yo hablo de estas cosas, eso me ayuda demasiado. Cuando busco la consejería, ya, pero de todas maneras sigue ahí, de que yo ya no me quejo, pero más hablo con Dios, más le pido perdón a él.

Yo misma opté por no volver a comentarles a ellos que me duele o que estoy cansada y si yo les comento a ellos yo sé que ellos dicen, "Ya mi mamá viene con otra cosa", y entonces para no hacerles la rabia a ellos, y que ellos me contesten así, y yo sentirme mal, calladita, le pido a mi Dios que él me dé sabiduría, que me dé entendimiento y sigo, y verdad que me ha dado buenos resultados.

Fue, para mí, algo muy bonito porque antes de mi enfermedad mis hijos no se preocupaban por mí. En realidad, uno se pone a pensar, son pruebas que Dios te da, y es un cambio para tu vida, y entonces en base a eso, Dios los tocó a ellos de una manera tan grande que a ellos el cambio se les notó. Tanto así que durante el tiempo de mi enfermedad, querían sacarme a un restaurante a comer, sentada en una silla de ruedas, a lucirme en la calle, yo me les "manchaba", yo no quiero eso, cuando yo estaba buena y sana, porque no me sacaban, hoy en día quieren lucirse, que son los niños buenos, que son los hijos nobles, "Ay mamá no nos diga eso, ay mamá no nos haga sentir mal, es lo que yo siento en este momento". Ya se les dio un cambio y lo noté porque ya viven más pendientes de mí. Hay cositas de las que ellos se enojan, entonces para no hacerles dar rabia, me callo porque en realidad también me pongo a pensar en que ellos también trabajan, se estresan, tienen trabajos diferentes los dos, tienen responsabilidades, más que todo mi hija que tiene su hija, o sea, ella llega bien cansada y llamarla y decirle mami estoy con este problema es mucho. Es suficiente con que me llamen, y me hablen 5 o 10 minutos, y me digan, "Mamá, como está, la queremos mucho, que el Señor la bendiga".

Cuando no encuentro apoyo en mi familia, hablo con Dios, él es quien me da la sabiduría, él lo es todo. Para mí, Dios es el amigo más grande que existe hoy en día, yo creo que no hay con quién reemplazarlo, porque él es tu guía, es amor, sabiduría, el está allí, el día, la noche. La hora en que tú quieras llorar, háblale a Dios y llora con él, tú lo quieres abrazar, y tú sientes ese calor de nuestro padre creador. Entonces, él es todo, está envuelto en amor, en felicidad, en prosperidad. Tú le pides y él te da, yo creo que uno no necesita más, es el amigo más fiel, después de los animalitos. Yo tengo dos perritos que son mi vida entera, pero para mí, yo creo que Dios es más grande que mis perros, porque ellos no me dejan para nada, me lamen, me besan, me contemplan, me consienten y Dios hace lo mismo conmigo.

Gracias a Dios, tengo unos médicos que son una eminencia, yo creo que Dios los guía tanto en estos días. El tratamiento me dejó los pulmones reducidos, estoy con fallas de respiración por la medicina, el corazón también me da mucha palpitación, o sea tengo muchas molestias, y me está viendo el cardiólogo, el especialista de los pulmones, la doctora de medicina general y el oncólogo. Tengo 4 médicos que unidos en uno solo son Dios. Para mí, son una belleza, me comunico con ellos, les comento, les hablo, les digo, me hacen reír, los hago reír, es algo hermoso. El oncólogo, cada vez que voy, me dice que si ya conseguí novio, le digo, "Yo estoy esperando que me lo consiga", le digo que es él el que me va a conseguir el novio que yo necesito y que un novio así como él, que sea médico, y le da risa.

Para yo tener hoy día el cheque del "disability", me tocó llorar. Veinte años trabajé en este país para que me dieran lo mío. Cuando fui al seguro una vez que me llamaron porque estaba pidiendo el "SSI", el señor del SS me dice, "Señora, aquí le faltan más pruebas", y yo le contesto, "¿Cómo más pruebas, no basta estar sentada en una silla de ruedas, no basta tener una enfermedad amiguito como la que yo tengo, presión alta, colesterol, un cáncer, y que más estoy aquí que no me puedo mover"? Me dio rabia, entonces les dije yo necesito hablar con el supervisor de aquí, me dijo que aquí nadie me iba a escuchar. "¡Cómo que nadie me va a escuchar, qué quiere que yo haga, de dónde voy a sacar pruebas, cuáles son las pruebas que ustedes quieren!" Entonces, cuáles son los beneficios que le dan a uno si a mí me los están negando, en este momento que tengo 51 años y vengo a pedir mi cheque que por ley me corresponde. Yo entré aquí un día 21 de octubre de 1984 y desde ese día, el 22 empecé a trabajar y le estoy pagando impuestos a este país.

"Vivir con fuerza" sería estar uno sano, primero que todo, y para lograr eso tenemos que alimentarnos bien, hacer ejercicio y pedirle mucho al Señor que no nos enferme de nada porque hay muchas plagas que nos pueden matar. De verdad, para mí eso sería: tener ganas de vivir y luchar y seguir adelante. No nos podemos derrumbar en la mitad del camino donde vamos, yo lo veo así, no sé, si estará bien.

En este momento yo no estoy muy empapada de la situación del cáncer en Colombia, pero me he dado cuenta de que dejan morir a la gente por falta de recursos, por falta de profesionalismo. Casi a los dos años que volví a caminar, fui a mi país, hacía 8 años que no iba. Me encontré con dos amigas que tenían cáncer y me puse a ver el tratamiento de ellas y les conté de mi tratamiento y me dijeron, "Oh, así trabajan en los EE.UU.". "Tengo un oncólogo, una eminencia, y no sólo eso", les dije yo, "ya el oncólogo mío quiere sacar mi propia médula para guardármela para sí un mañana el cáncer me vuelve ya no me van a hacer tratamiento con pastillas, ni quimioterapia sino que me van a hacer el trasplante de la médula", y ellas me dijeron que en Colombia no había eso. O sea que si yo le hubiera hecho caso a mi mamá, y a mis hermanos que querían que fuera para allá, a mí me hubieran dejado morir, yo no estaría contando la historia.

Mi nombre es Nubia Cano, me diagnosticaron mieloma múltiple en el 2001, y soy una sobreviviente de cáncer desde hace 7 años.