Edith Sarmiento

Edith Sarmiento, sobreviviente de cáncer.

Las Historias de los sobrevivientes están disponibles en video y de forma escrita. Estas historias están basadas en entrevistas con personas que han sobrevivido al cáncer. El formato escrito es un recuento detallado de estas entrevistas con pequeñas ediciones para hacerlas más fáciles de leer. Los videos incluyen partes de las entrevistas que se concentran en 2 o 3 tópicos relacionados con la experiencia de cada sobreviviente.

Mi nombre es Edith Sarmiento, soy sobreviviente de cáncer de seno. Este año cumplo 5 años de sobrevivir al cáncer. El cáncer de seno a mí me lo detectaron en febrero del 2003, digamos que por pura casualidad. Yo llevé a un grupo de señoras a hacerse un examen de cáncer de seno y ellas se lo hicieron y, entonces me dijeron, que ya era hora de que yo me lo hiciera también. Entré y es por ese día que me detectaron el cáncer de seno. Desde el día que me dijeron que tenía cáncer han cambiado totalmente nuestras vidas, la de mi esposo, y de mis 4 hijos. Creí que el mundo se iba a acabar, vi la muerte… estaba perdida, no tenía ni idea de lo que era el cáncer, nunca pensé que el cáncer me iba a tocar a mí. No hay cáncer en mi familia, ni mi madre ni mis hermanas tienen cáncer, yo soy la primera. Al principio pensé que a lo mejor había hecho algo mal en esta vida, que a lo mejor el ser supremo me estaba castigando, pues yo no sabía nada más que por noticias o estadísticas lo que era el cáncer.

Tuve que aprender lo que era el cáncer. Me acerqué a instituciones. Supe de la institución "CancerCare"; las señoritas de esa institución también me ayudaron. Aprendí mucho, pues ahora que llevo 5 años sobreviviendo al cáncer, diría que aprendí a conocerlo, y aquí estoy viviendo y dándole la lucha al cáncer.

Los efectos que he tenido después de la quimioterapia han sido bastante duros; tuve vómitos, diarrea, no podía comer, la boca se me lastimó muchísimo, el estómago, todo el cuerpo me dolía… tenía diferentes cosas que me pasaron. Me ha quedado un dolor en las coyunturas de los pies y las manos que permanece ahí las 24 horas del día, especialmente en las mañanas. Si camino me duele, si me siento me duele, es como si tuviera unas agujas en las coyunturas. Los médicos me han hecho muchos exámenes y me dicen que no tengo nada, "Edith, el dolor está en tu cabeza", pero el dolor está ahí. Tengo que hacer ejercicios de 15 a 20 minutos; primero, moviendo el pie, las manos, los dedos de las manos, del pie. Una vez que ya he hecho mis ejercicios me puedo levantar y el día continúa. Conforme el cuerpo calienta, el dolor va disminuyendo. Me han dicho que cuando no soporte el dolor, me tome una pastilla, pero solamente me alivia unas 6 horas. Las pastillas para el dolor me curan una cosa pero por otro lado me hacen mal al estómago.

Este dolor crónico me afectado en el carácter, pues yo siento que antes era más paciente con mis hijos. Ahora el dolor está ahí todo el tiempo y definitivamente me irrito muy pronto. A veces grito, es una manera de desahogarme porque no aguanto el dolor. Diríamos que en verdad me ha cambiado mucho el carácter. Como me dijo una amiga, "Señora Edith, cuente del 1 al 10 en chino, así usted no cambia de genio". "¿Cómo que del 1 al 10 en chino si yo no sé chino?" "Contrólese", dice, y eso es todo. Hay que hacerlo por el amor a los hijos. Hay un grupo de "CancerCare" los lunes, un grupo de apoyo, las señoras hablan de todo, y con ellas yo he aprendido también a controlar mi carácter.

Después de que yo tuve el tratamiento de quimioterapia me quedó la fatiga. Yo sentí eso después de la primera sesión. Todos los días, me levanto como de buen ánimo, pero ya no soy la misma de antes. Lo que yo hacía normalmente en el día, como las cosas de mi casa, me tomaba una hora, una hora y media; ahora, me doy cuenta que en el reloj ya ha pasado las 2 de la tarde y yo todavía me encuentro haciendo las cosas, definitivamente, necesito el doble de tiempo. Me canso demasiado; me relajo pero la fatiga siempre está. Por más que la doctora me ha hecho muchos exámenes de hígado, porque dice que puede ser una de las causas, pero igual no, la fatiga está ahí. Y, en invierno cuando está demasiado frío salgo a la calle y no puedo respirar, me fatigo mucho y tengo que buscar algo caliente. Igual en verano, si está muy caliente, salgo a la calle y no puedo respirar, siento que me falta el aire. Dicen que todo eso es normal. "Es normal", me digo a mí misma, "Edith continúa".

También he sufrido de neuropatía del tratamiento, he tenido adormecimiento de los dedos de la mano y del pie; algo parecido a unos pinchazos de aguja que a uno definitivamente no la dejan ni caminar y con el paso del tiempo a uno le va pasando pero siempre está eso ahí. Con el tiempo me han dicho que se quita, pero llevo 5 años de sobrevivir al cáncer y tengo ahí en los pies las agujas; le digo agujas porque para mí son como agujas, como un cosquilleo, como un pinchacito, que así como vino se va a ir. Yo hago ejercicios todos los días en la mañana y en la media tarde haciendo el movimiento del abecedario con los pies o cogiendo una pelotita suave con las plantas de los pies. Pero, aunque no siento mejoría, igual camino, me distraigo, leo mucho y trato de hacer otras cosas para no estar pendiente de lo que me está doliendo.

La imagen del cuerpo mío durante y después del tratamiento ha cambiado muchísimo. En abril del 2003 me cortaron mi seno. Desde esa fecha hasta hoy no he sido capaz de mirarme directamente en el espejo de mi casa ni en ningún espejo. No tengo todavía la valentía de verme. Otra cosa que nos impactó mucho a mí y a mi familia fue la caída del cabello. A pesar de que yo sabía que se me iba a caer el pelo, cuando se cayó fue totalmente traumático: me estaba bañando, me puse champú y empezó a caer bastante pelo, lloré y grité en el baño, pero me dije: "No, mis hijos no me tienen que ver así", porque yo siempre pensé que a ellos tenía que darles una buena imagen. Decía, "Yo estoy fea sin pelo", pero al mismo tiempo decía, "No, estás bonita". Me ponía bandanas, me ponía pelucas que pude conseguir por la institución CancerCare, y trataba de ponerme lo más bonita que pudiera para que mis hijos no se sintieran mal. A pesar de eso, también recuerdo que la punta de mis dedos, las uñas se volvieron negras, eso tampoco fue agradable, siempre escondía las manos o hacía puño para que nadie me viera. Otras veces, cuando estaba conversando, me salía sangre de la boca. Esas cosas que me pasaron fueron bien duras para mi familia. Siempre traté de no llorar delante de ellos, pero ellos siempre estuvieron allí, dándome fuerzas.

Para mí se me ha hecho muy difícil conseguir seguro médico. En el hospital donde me detectaron el cáncer lo que me pidieron era seguro médico. Yo les dije que no tenía y me dijeron que yo no era paciente para ese hospital, que me fuera a un hospital de la ciudad porque no tenía seguro médico. Ellos mismos me mandaron para un hospital de la ciudad. Y yo dije, "Si en este hospital que me detectaron el cáncer, no me ayudan, peor me van a ayudar acá en un hospital de la ciudad". Llegué allí definitivamente con el corazón roto, me di cuenta de que el ser humano no era capaz de sentir lo que uno estaba sintiendo porque las enfermeras de ese lugar me trataron muy mal. Me dieron la noticia del cáncer como, no sé, yo no sabría decirlo… pero me fui al otro hospital y ahí lo primero que me dijeron es que no me preocupara, que ellos me iban a ayudar. De verdad, ellos en ese hospital me dieron el nombre de la organización CancerCare, que fuera para allá, que ellos me iban a ayudar. Pues yo vine para esta institución del CC, ellos me ayudaron, me daban un chequecito de dinero que me llegaba a casa, me ayudaron también con la comida porque en esa temporada yo no podía comer y estábamos en muy malas condiciones. Mi esposo estaba sin trabajo, parecía que nos llegó la desgracia más grande en mi casa. Entonces yo vine acá a la institución de CancerCare con una señorita trabajadora social. Siempre me acuerdo unas palabras que ella me dijo y me han subido siempre el ánimo cuando estoy en días difíciles, "Edith, si todas las puertas se te cierran, Dios te va a abrir una ventanita". Esas palabras a mí siempre me levantan, siempre… todas las puertas se me cerraron en esa época y siempre se me abrió la ventanita. Doy gracias a Dios en especial, a mi trabajadora social en CancerCare que sembró esa frase en mi mente, porque aunque siempre hemos tenido mucho sufrimiento de dinero, aquí estamos. Hemos pasado mucho y doy gracias a Dios por las instituciones que nos han ayudado.

Durante mi tratamiento del cáncer mi esposo me ha ayudado mucho, él ha estado conmigo en todo momento. Hasta el día de hoy, siempre me está diciendo, "No importa, sigue adelante, yo no me casé únicamente para los años de prosperidad, yo me casé contigo para lo bueno y lo malo también". Llevamos 25 años de matrimonio, tenemos 4 hijos, el hijo mayor también siempre me ayudaba a hacer las cosas en casa cuando yo no podía hacerlo. Los niños que estaban pequeños en esa época, pero ahora ya están grandes, también me ayudaban. Tuvieron que aprender a hacer las cosas en casa, trataban de hacer lo más que podían. "No te preocupes mami, yo hago las cosas en casa; no te preocupes mami, tómate tu tiempo". Hasta ahora siempre me están ayudando, siempre están pendientes de qué voy a hacer, cuánto me demoro en el hospital, qué cita tengo, "¿Mami, necesitas ayuda, a lo mejor necesitas quién te traduzca?".

Tengo a mi familia, y a mi hermana que también me ayudaron mucho. Yo sentía la necesidad de llamar a mi mamá allá en el Ecuador, a la hora que fuera ella estaba dispuesta a oírme; hablábamos a veces a las 2, las 3 de la mañana, porque yo no podía dormir y ella desde allá en Ecuador me decía, "Sé fuerte, tienes por quién luchar, tienes tus hijos, tienes tu esposo, no te puedes rendir fácilmente". Hubo una frase que también siempre repetíamos con mis hijos, "El cáncer no me va a matar, yo le voy a ganar al cáncer, esta mujer se va a morir de cualquier cosa pero no de cáncer". Y, aquí estamos, luchando.

El estar conectado con un grupo de apoyo nos da enseñanza definitivamente, porque si a alguna paciente de cáncer le dan algún tratamiento, ella puede preguntarle a la señorita moderadora del grupo, que es una persona estudiada, y saber qué le están dando, qué opina de este medicamento. Si alguna del resto de personas ha tomado o sabe del medicamento, uno va aprendiendo del grupo y del resto de las personas. Ellas a veces ya han tomado la pastilla y nos cuentan a las que recién estamos llegando al grupo y es una manera de levantarnos el ánimo, es una manera de conocimiento. Y hablo de conocimiento porque yo, por ejemplo, no sé en qué momento de mi enfermedad, estaba convencida de que el cáncer se medía del 1 al 10. Yo estaba en la etapa 3 y dije, "No, yo tengo para largo todavía". Cuando vine al grupo a aprender, y a escuchar las experiencias del resto de señoras, aprendí que el cáncer se medía del 1 al 4. De todos modos, saber es mejor y yo sí doy gracias a Dios por los grupos de apoyo, porque uno sí aprende mucho a base de las experiencias de las demás.

"Vivir con fuerza" después del cáncer pues es una frase que yo la veo con mucho significado… la palabra exacta quisiera encontrar. Vivir con fuerza es olvidarse de lo que uno está teniendo, pues no digamos olvidarse definitivamente, sino olvidarse de lo que uno pasó, y proyectarse siempre hacia el futuro y vivir fuerte es vivir para el futuro para mí, sin importar lo que uno sufrió, sin importar lo que ya le pasó, pues hay que vivir con fuerza para el mañana.

Mi nombre es Edith Sarmiento, soy sobreviviente de cáncer de seno.